Personaje anónimo, por Andrea Paola Hernández

(Andrea Paola Hernández por Adolfo Lang)

«A mí la poesía / me viene de mi madre»
«Y me queda mi padre / en su hueso de escribano»
Rafael Castillo Zapata.


El arte me viene de mi padre

Que con tanto ahínco insistía en libros, óleos y ajedrez

Creciendo bajo una cámara sin ser famosa

Con mi boa de plumas y mi afirmación de diva

De mi padre me viene Abba, Cindy Lauper y la literatura

                     La figura vacía y la ausencia de un hombre

Tomates verdes fritos y la homosexualidad latente

                     La necesidad de ser más que una foto en la pared

De mantener mis ideales sin importar la lucha

                     De querer ser alguien cándido cariñoso

                     Aprender que a la familia no se le deja por otra

con mano en pecho con mano en boca

luchar por no querer que nos parezcamos

-
En la calle todos los hombres se me parecen a mi padre

supongo que ocurre porque no tiene rostro.


Andrea Paola Hernández (1995). Actriz, cineasta, Fundadora del Centro de Estudios de Género USB, lectora recurrente y ganadora del primer lugar del concurso “José Santos Urriola” 2014. Coordinadora Editorial en la sección de Narrativa del blog Digopalabratxt. Ha participado en el taller de narrativa de Monteávila Editores impartido por Wilfredo Machado y en el taller "Poesía silenciosa, pintura que habla" del Instituto ICREA impartido por Eleonora Requena. Poemas de ella se pueden encontrar en la reciente antología Amanecimos sobre la palabra

Dos poemas de Flora Francola



ZCIT


Todas las camas que tuvimos
son el azul del mar
zona de convergencia intertropical.
Sabrás del vuelo 447
que no sobrevivió a las alturas
y que la franja ecuatorial
es devorada por tormentas
-a veces nos rebasan-
que soy frágil como palmera
se congela mi ramaje
o me devora lo que no puedo decir.
La simultaneidad es mi carga
dormimos en el mar.


*


Breve historia de la evolución

“Voy la vida en circular, de pasajero en trance…”
Tlx.

He sentido el deseo
de volcarme en un piscina de lava dulce
envolverme en caricias de vapor
y flotar desnuda por el cielo.
Así, nadando como libélula
que no sabe de palabras
que olvida rostros
y lamer mis dedos fríos
y mirar los ojos lejanos
Suspendida como trofeo
de pesca deportiva
por los tobillos anudados
los cabellos escurriendo
almíbar de la tierra y de las nubes
cantando tras la voz de Morrison
cuando caen meteoros sobre de mí.
Alguien me amó
Y no lo recuerdo.


Flora Francola, Paola Franco (1988). Licenciada en Artes por la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, Venezuela. Forma parte de los seminarios de arte transdisciplinarios en la Universidad de Los Andes (Mérida y Táchira, Venezuela), Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, Centro de Arte de Maracaibo “Lía Bermúdez”, Fundación PROA, MACBA, MALBA y C.C. Matienzo (Buenos Aires). Redacta artículos y reseña sobre arte y cultura para los webzines: Acracia pour les porcs, Bajo La Lengua y Casquivana.

Las distancias, por Daniel Arzola

(CC BY 2.0) Dmitry Ilyinov

Me tragué todas las luces,
recorrí todas las distancias
me comí todas las preguntas,
vi partir cada palabra.
¿Y qué tengo?
apenas algo,
casi nada.
Nunca fue suficiente
nunca han dado lo que doy
ninguna palabra desnudó mi silencio
ningún acto vistió mis palabras
y curó mis ganas rotas
y nunca cambia nada
si la condena habita ya las pieles
si nada queda de la noche
de los huesos sueltos
si el destino es romper.
Fluí hacia ti,
fluí, fluí, fluí,
y más allá de las paredes me he perdido,
a donde nada regresa
a donde todo termina yendo
Y cómo puedo esperar amor aún
si a mí no me han dado eso
si lo he corrido a llantos
si me ha arrancado la piel
hinchando como un muerto
mi cuerpo joven
si los deseos inocentes fueron carbón
a la hoguera de amores muertos
qué hago yo anclado a un cariño
¿ Y qué hago yo?
ofreciendo un fósforo
a todo el frío del mundo
¿Qué hago yo?

Poema em linha reta, por Fernando Pessoa



Nunca conheci quem tivesse levado porrada.
Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo.

E eu, tantas vezes reles, tantas vezes porco, tantas vezes vil,
Eu tantas vezes irrespondivelmente parasita,
Indesculpavelmente sujo,
Eu, que tantas vezes não tenho tido paciência para tomar banho,
Eu, que tantas vezes tenho sido ridículo, absurdo,
Que tenho enrolado os pés publicamente nos tapetes das etiquetas,
Que tenho sido grotesco, mesquinho, submisso e arrogante,
Que tenho sofrido enxovalhos e calado,
Que quando não tenho calado, tenho sido mais ridículo ainda;
Eu, que tenho sido cômico às criadas de hotel,
Eu, que tenho sentido o piscar de olhos dos moços de fretes,
Eu, que tenho feito vergonhas financeiras, pedido emprestado sem pagar,
Eu, que, quando a hora do soco surgiu, me tenho agachado
Para fora da possibilidade do soco;
Eu, que tenho sofrido a angústia das pequenas coisas ridículas,
Eu verifico que não tenho par nisto tudo neste mundo.

Toda a gente que eu conheço e que fala comigo
Nunca teve um ato ridículo, nunca sofreu enxovalho,
Nunca foi senão príncipe - todos eles príncipes - na vida...

Quem me dera ouvir de alguém a voz humana
Que confessasse não um pecado, mas uma infâmia;
Que contasse, não uma violência, mas uma cobardia!
Não, são todos o Ideal, se os oiço e me falam.
Quem há neste largo mundo que me confesse que uma vez foi vil?
Ó príncipes, meus irmãos,

Arre, estou farto de semideuses!
Onde é que há gente no mundo?

Então sou só eu que é vil e errôneo nesta terra?

Poderão as mulheres não os terem amado,
Podem ter sido traídos - mas ridículos nunca!
E eu, que tenho sido ridículo sem ter sido traído,
Como posso eu falar com os meus superiores sem titubear?
Eu, que tenho sido vil, literalmente vil.
Vil no sentido mesquinho e infame da vileza.


_________________________________________________________________________________

Poema desde un caracol, por Gabriel García Márquez

Yo he visto el mar. Pero no era 
el mar retórico con mástiles
y marineros amarrados
a una leyenda de cantares.

Ni el verde mar cosmopolita
—mar de Babel— de las ciudades,
que nunca tuvo unas ventanas
para el lucero de la tarde.

Ni el mar de Ulises que tenía 
siete sirenas musicales
cual siete islas rodeadas
de música por todas partes.

Ni el mar inútil que regresa
con una carga de paisajes
para que siempre sea octubre
en el sueño de los alcatraces.

Ni el mar bohemio con un puerto
y un marinero delirante
que perdiera su corazón
en una partida de naipes.

Ni el mar que rompe contra el muelle
una canción irremediable
que llega al pecho de los días
sin emoción, como un tatuaje.

Ni el mar puntual que siempre tiene
un puerto para cada viaje
donde el amor se vuelve vida
como en el vientre de una madre.

Que era mi mar el mar eterno,
mar de la infancia, inolvidable,
suspendido de nuestro sueño
como una paloma en el aire.

Era el mar de la geografía 
de los pequeños estudiantes,
que aprendimos a navegar
en los mapas elementales.

Era el mar de los caracoles, 
mar prisionero, mar distante,
que llevábamos en el bolsillo
como un juguete a todas partes.

El mar azul que nos miraba,
cuando era nuestra edad tan frágil
que se doblaba bajo el peso 
de los castillos en el aire.

Y era el mar del primer amor
en unos ojos otoñales.
Un día quise ver el mar
—mar de la infancia— y ya era tarde

Tres poemas de Maily Sequera

(Sarah Herranz)


El último poeta

el último poeta
                será de hojalata o tendrá branquias
pero, sin duda alguna,
                             no nacerá humano

el último poeta
                no tendrá madre, no tendrá padre
                no tendrá patria, no tendrá dios
                                 nadie a quien rendirle pleitesía
                                 ninguno que le esté sacando cuenta

así que matará vivos con sus propias manos
                          y auxiliará hembras cuando estén pariendo
no esperará el cielo
no temerá infiernos
                                 hará lo que un poeta sabe hacer
                                                                                sin mucho alarde