Las noches de mis años: Siete poemas de Jesús Montoya

(Miguel Moya)


Escriba, escriba,
escriba sin nervios, sin tejidos,
sin las manos.
Escriba de memoria a contraluz por la mañana,
escriba de la tarde por la noche,
la noche es la madre de la poesía,
de los ojos.
Escriba en qué lugar estaría la luna en su poema.
Escriba los años y las sombras que insisten en doblarse
como humo en las esquinas.
Escriba contra el sueño desde el sueño;
escríbale un beso a una muchacha y un abrazo a sus
amigos.
Escriba que las montañas también
a usted le caen de los ojos.
Escriba desesperado,
escriba tranquilo.
Póngale caminos a sus piernas.
Sienta y vaya y búsquese y dígame por qué todavía sigue
creyendo que la vida acaba donde comienza este poema.


*


Mi conciencia es vieja,
áspera y maldita.
Me están matando las veces que perdoné entre las flores.
Perdoné,
perdoné y nada más quedó el silencio.


*


Escribo desde el pasado, al pasado siempre vuelvo, son las noches de mis años. Son hondas las heridas, cortos los amores, invisibles, los amores. Son las noches de mis años. Mis manos calcando el horizonte. Mis ojos mudándose de espaldas, silbando desde el corazón del viento. Son las palabras que me callo. Son las bocas que se llevaron la mía. Son los recuerdos que me crecen como luces en la piel. Son las lunas que le devolví a la noche para que no me dejara solo, para que no me dejara solo. Son todos los nombres que, de tanto gritar, marchité. Son los dedos ciegos, las sombras y los barrios. Son las calles vacías que me borran los recuerdos. Reconozco lo que siento. Mi voz curtida titilando desde esta habitación, quemándose en mis poemas, trepándose en mi dolor. He vivido todos los poemas que no he escrito, siendo el agua y la orilla, el agua y el beso, el pasado que escribo cada noche, durante la noche.


*


Canto y los recuerdos agrandan la ciudad. Canto y las ventanas se abren. Canto y la lluvia distorsiona mis ojos. anto desde un bar merideño, desde la magia violenta de una esquina. Canto y hago que bailo y me río viendo el techo en soledad hasta que el sueño me revienta los ojos. Canto y la oscuridad se duerme. Canto y nadie viene a buscarme. Canto y la esperanza pinta otros colores. Canto y los muelles dejan de ser promesas. Canto y busco una desoladora imagen dónde abandonarme. Canto y mi alma se transforma en una ola. Canto después del fuego, de las noches que brillan amargamente entre mi sangre. Canto y mis palabras inventan un terrible perfume que me cubre. Canto y mis palabras me odian. Canto y guardo el secreto de estos diecinueve años armoniosamente muertos.


*


Fumo sin parar desde la mañana,
si paro me abrazarán las rosas.
GIORGOS SEFERIS


Amo la pérdida. Amo mi absoluta desaparición. Mis ojos despegando con el viento, enredados, enraizados con la luz de la tarde. Camino sobre la lluvia escribiendo el poema. Escribo el poema en mi alma y la lluvia lo aplasta. Fumo y escribo el poema inagotable. Lo escribo desde mi rostro, este rostro sin movimiento que nadie ve, este rostro de colores abandonados, colores, que ningún labio toca, que ningún labio arranca, este rostro que es ojera y risa, grito y muerte, azul y sangre. Mis besos son canciones. Diré que no sirvo para nada. Diré la verdad. Diré que soy niebla entre la niebla, y yo amo mi insondable desaparición. Tengo vacíos los cuadernos y la casa y mi esperanza también está vacía, esperanza viento, esperanza humo. Rezo porque olvido. Fumo y escribo el poema, lo conozco. He conocido el poema como una plegaria. Lo he conocido desde el charco, desde el hielo enamorado de mis manos. Amo como nadie y a nadie amo. Amo la pérdida. Amo desde el aire y desde él escribo el poema. He escrito el poema y lo he perdido. He escrito el poema y lo he matado. He escrito orilla y mano, quebranto y olvido. Me sé de memoria esta infinita pérdida.


*


Me dices que tengo cara de estar cansado,
que por qué tantas ojeras,
que si he dormido bien,
que si he comido bien,
que no me sienta sanamente leer tanto,
que no esté tan solo,
que dónde están mis amigos.
Me dices que estoy flaco,
que estoy grande,
que parezco un muerto esbelto y tristón,
me dices tantas cosas,
y yo,
con la cabeza gacha,
cabizbajo,
te digo que estás más bonita,
que te sienta bien ese color de pelo,
que tienes los ojos más grandes,
que nunca pensé en volverte a ver de madrugada,
que los muertos también saben amar,
que me perdones,
que éramos muy jóvenes,
que ya no tengo la tristeza tan ancha
pero yo sé de qué va este asunto,
sé que te irás
a través del humo
y de las luces de la fiesta,
que quizá no te vuelva a ver más,
que seguiré cansado
con las ojeras hasta el suelo,
que me desvelaré escribiendo
un rato más,
que comenzaré otro par de libros,
que perderé el tiempo con ansia,
poco más acá de ti,
muerto.


*


Niego la muerte todavía,
niego la muerte porque sueño,
niego la muerte porque soy capaz de cantarla.

Esta es mi maldita penitencia.

Me horroriza, me horroriza completamente, enternecida, acabada, bajándose a mis manos, bajándose del cielo como un pájaro que escribe el aire con sus alas.

Me horroriza casi hasta matarme la infinita confesión que me acompaña.

Salgo a la calle y los colores hablan por mis ojos, bordando la locura con la noche azulada. Estoy derrotado en ella como esa luz tenue que desaparece. Avanza frente a mí la brisa y su perfume, ahora sé lo que siento.

Mi única verdad es la poesía y les juro que semejante estupidez merece ser leída en voz alta. Mi única verdade es la poesía y lo que ahora sé de ella es que mis amigos descienden y se alejan.

Mi única verdad es la poesía,
¿quién está enterado de esto?
¿Yo también me estoy ahogando?

Mi única verdad es la poesía
y esta es mi maldita penitencia.



~
Jesús Montoya (Mérida, 1993). Estudiante de Letras, mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana en la Universidad de los Andes. Ha participado en diversos concurso de poesía y otras expresiones literarias, tanto a nivel nacional como internacional, en los cuales ha resultado merecedor de varios premios y distinciones, entre ellos el primer lugar en el 1er Concurso Literario Manuel Felipe Rugeles convocado por el Gabinete de Cultura del estado Táchira. Su libro Las noches de mis años (2016) resultó merecedor del Premio del Concurso para Autores Inéditos, mención Poesía, edición 2014.

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