Siete poemas de Karla Castro. Selección de Tiempo añil

(Alejandra G. Remón)

Homeless

Mi casa
no aparece en los mapas de Google
nadie sabe cómo llegar

Esta casa juega conmigo a la gallinita ciega
esconde la ropa          mueve las paredes
pierde las llaves

Es un feudo que se resiste
me odia
confina a esta grulla a no tener nido.


*

Este labial no me viene bien hoy

tal vez un árbol
                               y algo de cuerda.


*

Primer fantasma

Los fatigados duendes esta vez
                                 no ocurren
se inmola la infancia

Qué sorpresa sufrirse por primera vez desolado
escuchar como tiembla el coraje
el odio recién descubierto
un primer asco

El aire muere
                                 endurece la respiración

Dónde hallar un sitio para asir la mirada
con estos primeros ojos sin gastar

Me urge encontrar un río
lavar los primeros pasos.


*

Ya lo decía mi madre:
                       No les temas. Si les temes, vendrán por ti
y de tanto temerles las brujas entraron
me cuecen
en sus mesas engullo dedos de niños

Madre:
estas brujas me poseen
se sientan a mi siniestra mientras me susurran conjuros
me entregan al macho cabrío.


*

Objetos

Esta es mi cabeza
donde sólo una certidumbre sobrevive:

                   el deseo intransigente de estar en otra parte


Este es mi brazo
que por su cuenta
                    renunció a ser ala.


*

Sentencia

Van cuatro días
respiro agujas

La enfermedad
ha monopolizado mi agenda

Quizás quebré las leyes

Me consumo
juvenil y bueno

Soy
           un niño sin esperanza.


*

Veía el mueble de la sala
pesado y estático
pensaba cuán resignado era
él y yo
          la misma cosa

Derrotada
no es Dios quien me vence
sino algo que no puede detener el tiempo.

~
Karla Castro (Valera, 1985). Psicóloga clínico y escritora. Autora del libro Tiempo añil. Algunos de sus textos pueden encontrarse en las antologías Cien mujeres contra la violencia de género; 102 poetas Jamming y en diversos portales literarios. Actualmente reside en Caracas donde ha participado en varios festivales de lectura.

Tres poemas de Julio Tizzani

(Elicia Edijanto)

*

Seguí una hilera de hormigas que me llevaron hasta el bosque Aokigahara. Al principio quería ir sobre la espalda de mi madre, a la que robe el puñado de cruces para protegerme del asedio de las brujas. Caminé siguiendo los pasos de mis pasos. Me transformé en árbol y me aplaudieron. Me talaron para que mi memoria no se esparciera ni nunca nadie vuelva a ver mis rasgos o mis gestos. Mis manos son raíces que con torpeza resquebrajaron la tierra.  Mis manos con torpeza reclaman la soga. A mi madre le pedí la herencia, se acercó a mi oído y me susurró que la sumisión es un arma, me dio la espalda y antes de morir me bendijo con veneno. Este bosque es mi herida, un sangrado de epitafios. Ahora me preguntas quién se ha llevado nuestra casa. Tengo la misma edad que tú mamá. Ayúdame a despertar de esta muerte que siento. Venimos de una estirpe que se niega a salir del ritual de la sequedad. Y que tiene la palabra divorcio en la punta de la lengua.


*

Hay vivos que deletrean, hay vivos que hablan tuteándose y
Hay muertos que nos tutean,
Pero uno no sabe nada.
En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.
Juan Sánchez Peláez


Tengo dos semillas que me dio mi padre
Las guardo debajo de mis párpados
Van en sentido retrógrado hasta volverse una célula imprecisa
He sido obligado a respirar despacio
a torcerle el décimo tercero lazo a la muerte
Mi soledad es un mundo de pájaros
Tengo la tercera costilla rota
La atmósfera me aplasta
La delgadez me acuna
La inmortalidad no se ha llevado mi memoria
Mi raza esta diluida en pena
El hilo de mi descendencia me sigue desde lejos
Nací en aquelarre
Leche negra me fortificó
No hago más que gritar augurios
No puedo caminar erguido, no puedo
Mi hermana fue concebida en luna menguante
Mientras a mí me criaban los lobos
Mi sendero no es claro, está tibio
y la sumisión me congela.


Kumiko

Observa el tránsito en una cuidad constipada
un ser aleatorio que mendiga
puesta la crudeza sobre la mesa
¡Kumiko! mi amiga Kumiko me saluda desde su altar
es necesario existir a tientas
todo será precario para la venganza
nada estará perdido
si permanecemos muertos.

~
Julio Tizzani (Falcón 1990). Médico cirujano residente de anestesia. Ganador del tercer lugar del Concurso de Microcuentos del diario venezolano Nuevo Día. Ha participado en numerosos recitales poéticos en Venezuela.

Las noches de mis años: Siete poemas de Jesús Montoya

(Miguel Moya)


Escriba, escriba,
escriba sin nervios, sin tejidos,
sin las manos.
Escriba de memoria a contraluz por la mañana,
escriba de la tarde por la noche,
la noche es la madre de la poesía,
de los ojos.
Escriba en qué lugar estaría la luna en su poema.
Escriba los años y las sombras que insisten en doblarse
como humo en las esquinas.
Escriba contra el sueño desde el sueño;
escríbale un beso a una muchacha y un abrazo a sus
amigos.
Escriba que las montañas también
a usted le caen de los ojos.
Escriba desesperado,
escriba tranquilo.
Póngale caminos a sus piernas.
Sienta y vaya y búsquese y dígame por qué todavía sigue
creyendo que la vida acaba donde comienza este poema.


*


Mi conciencia es vieja,
áspera y maldita.
Me están matando las veces que perdoné entre las flores.
Perdoné,
perdoné y nada más quedó el silencio.


*


Escribo desde el pasado, al pasado siempre vuelvo, son las noches de mis años. Son hondas las heridas, cortos los amores, invisibles, los amores. Son las noches de mis años. Mis manos calcando el horizonte. Mis ojos mudándose de espaldas, silbando desde el corazón del viento. Son las palabras que me callo. Son las bocas que se llevaron la mía. Son los recuerdos que me crecen como luces en la piel. Son las lunas que le devolví a la noche para que no me dejara solo, para que no me dejara solo. Son todos los nombres que, de tanto gritar, marchité. Son los dedos ciegos, las sombras y los barrios. Son las calles vacías que me borran los recuerdos. Reconozco lo que siento. Mi voz curtida titilando desde esta habitación, quemándose en mis poemas, trepándose en mi dolor. He vivido todos los poemas que no he escrito, siendo el agua y la orilla, el agua y el beso, el pasado que escribo cada noche, durante la noche.


*


Canto y los recuerdos agrandan la ciudad. Canto y las ventanas se abren. Canto y la lluvia distorsiona mis ojos. anto desde un bar merideño, desde la magia violenta de una esquina. Canto y hago que bailo y me río viendo el techo en soledad hasta que el sueño me revienta los ojos. Canto y la oscuridad se duerme. Canto y nadie viene a buscarme. Canto y la esperanza pinta otros colores. Canto y los muelles dejan de ser promesas. Canto y busco una desoladora imagen dónde abandonarme. Canto y mi alma se transforma en una ola. Canto después del fuego, de las noches que brillan amargamente entre mi sangre. Canto y mis palabras inventan un terrible perfume que me cubre. Canto y mis palabras me odian. Canto y guardo el secreto de estos diecinueve años armoniosamente muertos.


*


Fumo sin parar desde la mañana,
si paro me abrazarán las rosas.
GIORGOS SEFERIS


Amo la pérdida. Amo mi absoluta desaparición. Mis ojos despegando con el viento, enredados, enraizados con la luz de la tarde. Camino sobre la lluvia escribiendo el poema. Escribo el poema en mi alma y la lluvia lo aplasta. Fumo y escribo el poema inagotable. Lo escribo desde mi rostro, este rostro sin movimiento que nadie ve, este rostro de colores abandonados, colores, que ningún labio toca, que ningún labio arranca, este rostro que es ojera y risa, grito y muerte, azul y sangre. Mis besos son canciones. Diré que no sirvo para nada. Diré la verdad. Diré que soy niebla entre la niebla, y yo amo mi insondable desaparición. Tengo vacíos los cuadernos y la casa y mi esperanza también está vacía, esperanza viento, esperanza humo. Rezo porque olvido. Fumo y escribo el poema, lo conozco. He conocido el poema como una plegaria. Lo he conocido desde el charco, desde el hielo enamorado de mis manos. Amo como nadie y a nadie amo. Amo la pérdida. Amo desde el aire y desde él escribo el poema. He escrito el poema y lo he perdido. He escrito el poema y lo he matado. He escrito orilla y mano, quebranto y olvido. Me sé de memoria esta infinita pérdida.


*


Me dices que tengo cara de estar cansado,
que por qué tantas ojeras,
que si he dormido bien,
que si he comido bien,
que no me sienta sanamente leer tanto,
que no esté tan solo,
que dónde están mis amigos.
Me dices que estoy flaco,
que estoy grande,
que parezco un muerto esbelto y tristón,
me dices tantas cosas,
y yo,
con la cabeza gacha,
cabizbajo,
te digo que estás más bonita,
que te sienta bien ese color de pelo,
que tienes los ojos más grandes,
que nunca pensé en volverte a ver de madrugada,
que los muertos también saben amar,
que me perdones,
que éramos muy jóvenes,
que ya no tengo la tristeza tan ancha
pero yo sé de qué va este asunto,
sé que te irás
a través del humo
y de las luces de la fiesta,
que quizá no te vuelva a ver más,
que seguiré cansado
con las ojeras hasta el suelo,
que me desvelaré escribiendo
un rato más,
que comenzaré otro par de libros,
que perderé el tiempo con ansia,
poco más acá de ti,
muerto.


*


Niego la muerte todavía,
niego la muerte porque sueño,
niego la muerte porque soy capaz de cantarla.

Esta es mi maldita penitencia.

Me horroriza, me horroriza completamente, enternecida, acabada, bajándose a mis manos, bajándose del cielo como un pájaro que escribe el aire con sus alas.

Me horroriza casi hasta matarme la infinita confesión que me acompaña.

Salgo a la calle y los colores hablan por mis ojos, bordando la locura con la noche azulada. Estoy derrotado en ella como esa luz tenue que desaparece. Avanza frente a mí la brisa y su perfume, ahora sé lo que siento.

Mi única verdad es la poesía y les juro que semejante estupidez merece ser leída en voz alta. Mi única verdade es la poesía y lo que ahora sé de ella es que mis amigos descienden y se alejan.

Mi única verdad es la poesía,
¿quién está enterado de esto?
¿Yo también me estoy ahogando?

Mi única verdad es la poesía
y esta es mi maldita penitencia.



~
Jesús Montoya (Mérida, 1993). Estudiante de Letras, mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana en la Universidad de los Andes. Ha participado en diversos concurso de poesía y otras expresiones literarias, tanto a nivel nacional como internacional, en los cuales ha resultado merecedor de varios premios y distinciones, entre ellos el primer lugar en el 1er Concurso Literario Manuel Felipe Rugeles convocado por el Gabinete de Cultura del estado Táchira. Su libro Las noches de mis años (2016) resultó merecedor del Premio del Concurso para Autores Inéditos, mención Poesía, edición 2014.

Tres poemas inéditos de Gabriela Rosas

(Alejandra G. Remón)

IV
a César


El hombre vino, se sentó, quizás me haya visto, adentro, tan sólo un poco, donde uno es capaz de morderse el labio en lo invisible y quedarse quieta, como si la ternura no fuera un terremoto, y él no trajera el abecedario de las lanzas consigo. Poco tiempo se tiene para nombrar lo dulce, pero hicimos correr nuestros ojos para nombrarnos a mitad de la noche. No lo olvido, sigue en mis ojos, voy lento. Recuerdo su signo, su ascendente, la lenta caminata, cruzar la avenida.

Lo suficiente.



XII


Lo veo dormir. Nos tocan las palabras hondo. Nos sembramos para siempre uno en el otro.
Nadie nos salvará. Nadie puede borrarnos lo mordido, el olor a coco, las manos, los domingos.
No puedo ser.
Toda la sal del mundo cayó sobre la mesa.



XXV 


El hombre se desnuda por toda la casa. Se mece, prepara el café, enciende la televisión, bebe un poco de agua. No me ama lo sé, sigo viva. La cena no siempre es en la boca, me cuenta su parte de la historia, se arrodilla, lo levanto, le miento, nos mentimos, pasan dos años. El hombre llora, como un niño llora. Me niega, tres veces me niega, luego me acaricia. Vuelve con girasoles en una bolsa roja. Me planta su ternura en la cocina. Lo miro, trae un caballo, sin montura, trae un caballo. 

El hombre sabe que el abrazo pequeño me conmueve. Viene a decir que el mar, sus altas olas, sus orillas, no eran imaginaciones. 

El hombre se duerme sin dar la batalla. La noche se le quiebra junto al pecho. El pecho queda solo. No hay nada más triste, que la soledad de alguien que pudo ser amado. La noche sobrevive, el hombre no, al hombre, se le mueren las caricias. 

A oscuras, todo es tan claro.

~
Gabriela Rosas (Caracas). Primer lugar Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Pérez Bonalde (1995). Primer lugar Bienal de Literatura Lydda Franco Farías 2014, mención poesía. Ha publicado los poemarios La mudanza (Eclepsidra, 1999), Agosto interminable (Eclepsidra, 2008), Blandos (Taller Editorial El Pez Soluble, 2013) y Quebrantos (Ediciones del Movimiento, 2015). Sus cuentos aparecen publicados en Antología de cuentos, (Editorial Negro sobre Blanco, 2015). Ha sido traducida al italiano, alemán, griego, inglés, catalán, fránces y portugués. Publicada en importantes antologías poéticas venezolanas y extranjeras. Invitada a numerosos encuentros de poesía a nivel internacional. Colabora con medios impresos y digitales tanto de Venezuela como de otros países. Es la editora del Stand Up Poetry en www.Inspirulina.com. La pueden encontrar por el twitter @magarosas.

Seis poemas de Omer Machado, por María Virginia Velásquez

Foto por María Virginia Velásquez.


Ciudad en que amo

Asómate a las calles de mi ciudad gastada y sudorosa
Y hagamos nuestro amor en sus sobradas sienes.

Dame la soledad de millones de ruidos que prendido estoy a la urgencia.

Quiéreme en la lejanía de rostros de ascensores
Quiéreme en todos los balcones.

Acércate a mi cara, así, voraz
Como el humo de autos en mi cara.

Juntemos nuestras manos temblorosas
Y tomemos por sorpresa la hora del reposo.

Amor de las esquinas
Amor de un autobús
Amor sin pretensiones
Aquí no hay estrellas
Vengan amores, los invito
Beban conmigo los días de mi ciudad.

A Gabriela.


*


Metro de once

De repente esta soledad tan asoleada baja la guardia
Y usted invade con su arsenal de rayos incendiarios
¿Sabe usted qué mira…?
Es que ahora usted me llega
Y mis letras que aún no han nacido
Rompen el vientre de la poesía muerta
Porque quiero echar a volar el pensamiento de cada rincón
Para salir de esta cárcel
Y solo ser poeta.

De repente esta soledad de metro de once
Esta soledad de último vagón
De final de andén

De colegio de ingenieros y caño amarillo
Después de las nueve

De antifaz de la lluvia
Esta soledad carnavalesca cuenta con su sombra

¿Sabe usted que acompaña…?


*


Barra de viernes

De imprevisto todos los sorbos de cerveza
Todas las noches
Todas las colillas
Todas las tascas de la ciudad incesante
Todo el amor de los tiempos insondables e imprecisos.

De imprevisto casi vencido
El día de tu raudo vuelo y regreso.

De imprevisto
Un solo de piano y de pasado.


*


Ella llamada cuerpo

Trabajaré tu cuerpo y me verás sórdido y desnudo
Como silbando lealtades
Lo trabajaré y seremos uno solo
Tierra y sembradío.

Al entrar la noche me invitará el miedo
Aun el miedo de niños
Todavía temeré a la oscuridad y a las sombras
Entonces llegará tu piel
Albergando desafíos
Amarrando soledades
Tu piel
Equipaje del día.

Navegaré tu cuerpo en la aventura
Surcando tus mares desconocidos
Me cantará el torrente de tus aguas
Seremos uno solo
Bribón y marino.


*


Piratas de ahora

Estos son días de papeles y estampillas
De piratas atragantados
De atragantados que matan hombres
Votapapeles
Hombres piratas que se pegan a la muerte como estampilla
Tiempo de piratas de ahora

Nuestro nombre es sorbo de cerveza
Llegar a viejo es terreno baldío.
Alguien nos llama y no acudimos.

Estos son días de celulares y fronteras
De razones mal nacidas
Fronteras celulares.

Tiempo de piratas sin mares
Piratas sin fronteras
Tiempo de piratas de ahora.


*


Ciudad en que muero



No perdono a la muerte enamorada
Miguel Hernández


A mi muerte ermitaña de cada día
Acuden borrachos y perros sinceros
Niños solitarios y mi claro temor.

Muero a cada instante y nadie ha probado una gota de café.

Muero a cada instante y en mi vigilia no hay lágrimas de cocodrilo.

Muero a cada instante y mi entrañable amigo del velorio hace una fiesta.

Muero a cada instante y nada de paz, nada de descanso.

Muero a cada instante y sólo veo de lejos la gloria.

Muero a cada instante y oigo estridente el hipócrita rezo.

Hablo de mi muerte a cada instante y sin embargo ordenan mi arresto.

Muero a cada instante y sin embargo insisten en matarme.


~
Omer Machado (1965 - 2017), nacido en Maracaibo, Zulia; fue profesor de Ciencias Sociales, egresado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL-IPC), con posgrado en Educación Infantil (UPEL Maracay). Poeta, narrador oral escénico y cantautor. Dirigió distintas propuestas artísticas y lideró el grupo experimental de arte La Peña de la Luna Nueva, con más de 17 años integrando la narración oral escénica, la poesía dramatizada, la música, el teatro, la plástica y otras manifestaciones artísticas. Los poemas aquí selectos pertenecen a su libro Ciudad en que muero y otros amores (2005), publicado por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico de Maracay.

Cuatro poemas de Andi Arias


1.

No cerramos capítulos nunca.
Se dividen
se vuelven trece libros en mitad del primero
repetimos                las mismas                       cagadas

la humareda es nuestro oxígeno
llevando la cuenta                  los silbidos
                                                     del siguiente estallido

No cerramos capítulos nunca.

Todos se saben el cuento
los conflictos con máscaras
los personajes que se creen muertos
que           repiten           las           mismas           cagadas

Nunca cerramos nada.

seguimos siendo
todos los libros
                                        la historia narrada



*



2.

Recuerdo la idea
haber pensado que era buena
que debíamos pelear
por salir de este hueco

recuerdo la fuerza
haber sentido que arrastraba
que debíamos cambiar
revertir lo que se hunde

recuerdo la espera
haber visto un sueño estático
que debíamos soportar
sacar los pies de la tierra

Y ahora
recuerdo la duda
sentirla quedarse
vivir con miedos
con los muertos de la idea
con la patada del sueño



*


3.

Bendigo lo que tengo
el aire que puedo reciclar
mientras respiro en la cola

me asombra
lo que se hace en desespero
                               en la arrechera con hambre

todos mis inventos culinarios
                       los remiendos de mis zapatos
los enaltezco para aumentar mi fuerza
llorar menos detrás de la luz

                                            mi casa es una bodega roída
                                                que se lava sólo con agua
                                                no hay más con qué pulirla
                                            sólo mi atragantada esperanza

mis días culminan contando paquetes
frascos, latas y cajas

"bendigo lo que tengo, mija,
porque tengo suerte
y peor es nada"


*

es pe ran do

Dijiste que vendrías
tan sentimental             te cuidé un lugar
me mantuve en vela
soltando un llanto inútil

eso
no te haría volver

soñé con días y tus manos
mientras entendía la distancia
el desprecio callado
de lo que siempre diste

dijiste que vendrías
y creí en la espera
en lo que prometiste
para no escucharme más

supe
                      tan idiotamente
que no te haría volver

para
re    gre     sar
primero se debe
estar

~
Andi Arias (Maracay, 1987). Profesora de inglés egresada de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, núcleo Maracay (UPEL). Ha actuado en teatro y televisión. Publica sus escritos intermitentemente en el blog Un espacio infrecuente desde el 2007. Actualmente es profesora de español en Columbia, Carolina del Sur.

José, por Carlos Drummond de Andrade

Carlos Drummond de Andrade (Brasil, 1902-1987). Poeta, periodista y político brasileño. Es considerado como uno de los principales poetas del modernismo brasileño debido a la repercusión y alcance de su obra. Autor de una amplia obra literaria que abarcó también el cuento, la crónica y la novela, publicó en 1930 su primer trabajo poético bajo el nombre de Alguma poesia, seguido entre otros de Sentimento do Mundo (1940), Dopo A rosa do povo (1945), y Viola de Bolso (1955). Posteriormente exploró el verso experimental y la sátira con Boitempo en 1968, y su propia biografía en 1985. Falleció en Rio de Janeiro en agosto de 1987.
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José

E agora, José?
A festa acabou,
a luz apagou,
o povo sumiu,
a noite esfriou,
e agora, José?
e agora, você?
Você que é sem nome,
que zomba dos outros,
você que faz versos,
que ama, protesta,
e agora, José?

Está sem mulher,
está sem discurso,
está sem carinho,
já não pode beber,
já não pode fumar,
cuspir já não pode,
a noite esfriou,
o dia não veio,
o bonde não veio,
o riso não veio,
não veio a utopia
e tudo acabou
e tudo fugiu
e tudo mofou,
e agora, José?

E agora, José?
sua doce palavra,
seu instante de febre,
sua gula e jejum,
sua biblioteca,
sua lavra de ouro,
seu terno de vidro,
sua incoerência,
seu ódio, - e agora?

Com a chave na mão
quer abrir a porta,
não existe porta;
quer morrer no mar,
mas o mar secou;
quer ir para Minas,
Minas não há mais.
José, e agora?

Se você gritasse,
se você gemesse,
se você tocasse
a valsa vienense,
se você dormisse,
se você cansasse,
se você morresse...
Mas você não morre,
você é duro, José!

Sozinho no escuro
qual bicho-do-mato,
sem teogonia,
sem parede nua
para se encostar,
sem cavalo preto
que fuja a galope,
você marcha, José!

José, para onde?


* *

José1

¿Y ahora, José?
la fiesta acabó,
la luz se apagó,
la gente se fue,
la noche enfrió,
¿y ahora, José?
¿y ahora, tú?
Tú que eres sin nombre,
que te burlas de los otros,
tú que haces versos,
que amas, protestas,
¿y ahora, José?

Estás sin mujer,
estás sin discurso,
estás sin cariño,
ya no puedes beber,
ya no puedes fumar,
escupir ya no puedes,
la noche enfrió,
el día no vino,
el tranvía no vino,
la risa no vino,
no vino la utopía
y todo acabó
y todo huyó
y todo se enmoheció,
¿y ahora, José?

¿Y ahora, José?
tu dulce palabra,
tu instante de fiebre,
tu gula y ayuno,
tu biblioteca,
tu labra de oro,
tu traje de vidrio,
tu incoherencia,
tu odio - ¿y ahora?

Con la llave en la mano
quieres abrir la puerta,
no existe puerta;
quieres morir en el mar,
pero el mar se secó;
quieres ir para Minas,
no hay más Minas.
José ¿y ahora?

Si tú gritaras,
si tú gimieras,
si tú tocaras
el vals de Viena,
si tú durmieras,
si te cansaras,
si te murieras...
Pero tú no mueres,
¡eres duro, José!

Solo en la oscuridad
cual bicho salvaje,
sin teogonia,
sin pared desnuda
para recostarte,
sin caballo negro
que huya a galope,
te marchas, José.

¿José, para dónde?


~
1 Traducción de Guillermo Flórez Montero.

Siete poemas de 'El Cielo Cotidiano' de Alberto Hernández

(Vincent Van Gogh)


Hoja del tiempo

uno dice puerta y comienza un irritante murmulo. La palabra es sólo el momento de colocar la mano en la madera y sus relieves, y la muerte, asignada al hombre, detiene las imágenes de viajes por la Francia venérea y estrujada. Una puerta podría ser el final,

el tropiezo,
ese símil de exilio que sólo ocurre una vez mientras los pájaros anidan plumas y huesos en los salientes de las azoteas.

sólo la sombra dice de quien se estaciona en la noche bajo la alargada sílaba. Más allá, donde el sopor no tiene carne, está la mujer que ayer nomás legitimó el silencio.



Bestia de superficia

Ya nada detiene la violencia o la sumisión. Los animales
extrañados estudian las poses, los alardeos. Trajes de toda
certidumbre, sombras y aguas, relentes y polvaredas:

-una vaga calamidad baja por los ojos de una bestia que
vuelve del deshielo, trae entre sus plumas libros y enseñanzas
olvidadas por los más antiguos

en esta ciudad nada de lo que ellas traigan nos interesa



Hendija

En la Mancha hay una mujer seca. Bajo sus faldas, un animal muge y llena de arena los ojos de la tarde. Tras la puerta,
el desierto simula a otra mujer, copia del rostro de Dulcinea.

El vientre la borra del espejismo.



Hospital Civil

Nadie quería morirse pese a la tragedia allá afuera.

Los operadores de apendicitis, los de hernia, los enyesados, asmáticos, tísicos y buscadores de una salud permanente

encaraban la noche con los oídos puestos en los ruidos de la calle:

los soldados hacían sonar las botas,
tintineaban las llaves de las celdas,

el miedo encajado en un herida recién suturada.

Un médico en la puerta con la mirada en la enfermedad.

Los que mueren se van envueltos en sábanas blancas,
descansados de un país cuyos desplantes se celebraban en familia.

Los que se fueron al monte,
perseguidos por la furia uniformada, jamás regresaron.



Héroes

Ninguno tuvo la fuerza suficiente para separarse de la historia.

Fantasmas sin batallas, siluetas que la ciudad convierte en trueque.

Los mas osados son estatuas favorecidas por los pájaros.



XIV

Para volver a ser multitud en las plazas. Desear el paisaje
abandonado, inocente, perdido en los encuentros con rostros
desconocidos.

Hemos dejado atrás la confusión, los huesos de los animales
arrojados por el viento. Montonoes de arena en cada esquina:
miro con desgano la muerte de un perro

y me devuelvo a casa

Busco entre mis cosas los papeles, mis liibros y un
retrato de alguien que alguna vez conocí, que me
da la confianza a la hora del miedo.



Todos

-todos esos muertos
miran
por la cerradura

viéndonos


~
Alberto Hernández (Calabozo, 1952). Poeta, narrador, mimo y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de posgrado en la Universidad Simón Bolivar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Se desempeña como secretario de redacción del diario El Periodiquito de la ciudad de Maracay. Ha publicado ensayos y textos poéticos en las revistas Turia de España (Aragón), números 81-82; en Il foglio volante de Italia, N° 4, abril 2007, Piedra de molino, Arcos de la Frontera, España, primavera de 2007, entre otras. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, italiano y al árabe.

I, por Mar Guerrero

(Mar Guerrero)



¡Ah! El infinito egoísmo de la adolescencia 
el optimismo estudioso: ¡Cuan lleno de 
flores estaba el mundo ese verano! Los 
aires y las formas muriendo… 
Arthur Rimbaud


I
Ven.
Ven, el cielo ha aceptado su derrota.
Ven, mi alma se mece entre los árboles.
Ven, es verdad que estoy hecha de hogueras.
Ven, hombre de tiza, deja que la lluvia te borre conmigo.
Tengo una voz atorada en los párpados y no se cansa de pedir auxilio.
Viene tu cabellera y es multiforme.

 Las nubes son tan frágiles.

Escribo porque tus gritos se han vuelto cicatrices, escucha cómo crepita lo que escribo, ¡Ay! siento el cuerpo como una antorcha, este es mi primer abismo, tejo las calles con mi soledad, es tan triste. ¡Ay! Tengo los ojos vacíos dispuestos a llenarse de atardeceres. ¡Ay! El aire se está llenando de ojos, ojos que brillan desnudos por la noche. Me rodean las paredes rotas, los bares sucios, hombres ojerosos, restos de comida, ven, conserva en un frasco lo que soy ahora, no te demores en guardar mis pálidos muslos, arrástrame a casa como quien atraviesa el vacío. Ven, el tiempo me ha vencido, tengo la boca llena de flores secas, me persiguen formas inauditas, cierro los ojos para agradecer, se abren y cierran las ventanas, estoy sola, estoy sola esta noche, sola y temblorosa, sola y dentro de todos los seres, estoy sola, nada pasa. Tengo el cuerpo tendido por pedazos en los ojos que frecuentas, no te recito a ti, sino a tu silencio, te guardé un lugar en los agujeros de mis ojos para que duermas tranquilo, me basta morir un poco para transformarme en luz, para correr como el agua por las calles angostas, ¡Ay! necesito estar muerta para volver, ¡Ay! he muerto cada vez que escribo. ¡Ay! he salido a la calle conmigo dentro. ¡Ay! sólo basta morir para sentirme viva. ¡Ay! no sé cuándo he sido verdaderamente humana, es tan triste morir, mi niño, es tan triste morir. ¡Ay! soy el soldado que canta a tu oído en las noches de guerra, ha sobrevivido mi sombra, me he aferrado a la insignificancia de tu cabellera despeinada, me he arrojado al mundo. Soy el soldado que canta, soy el soldado que no calla y que duerme, soy el soldado hundido en su propio retrato, soy el soldado desnudo. Soy el soldado descalzo, soy un soldado y me llamo María, me arranco los ojos, ¡Ay! tal vez la muerte sean campanas, latidos que perforan mis pechos. ¡Ay! la muerte es la pérdida. ¡Ay! la muerte eres tú, y soy yo la revolución, y los gestos.

Abro la noche.
Pinto la noche.

Ven. Niño dormido.
Ven. De mi memoria te alejas.
Ven. El cielo está dentro de mi canto.
Ven. Atraviesa el olvido.
Ven, hombre de tiza, tengo los oídos gastados por la demora.

~
Mar Guerrero (1992). Cursante de Letras: Mención Lenguas y Literatura Clásica en la Universidad de Los Andes – Venezuela. Aficionada de la fotografía. Se dedicó a la poesía desde muy pequeña gracias a que la literatura le salvó la vida desde el primer momento. Participó del “IV Encuentro Literario de Jóvenes Creadores” Edición Mérida 2015, en calidad de escritor y fue ganadora del primer lugar en la modalidad poesía del XXV Concurso Anual de Creación Literaria “Cuento, Ensayo y Poesía”. Actualmente reside en Buenos Aires.

Llevo un color de búsqueda, por Cristina Elena Pardo

(Donna Young)

Llevo un color de búsqueda
de fugitiva            un 
color que 
se trasluce cuando cada mañana hablo 
con 
la mancha cada 
cada 
mañana ¿es ese el color 
de un sueño una gotita negra         se 
resbala cuando en las mañanas te 
pregunto 

yo llevo 
un color entre mis dedos un líquido 
de 
ser 
más 
transparente             de fugitiva yo 
la que busca 
la que encuentra 
la que se 
resbala en el instante en que la luz 
explota un cristal cada mañana un líquido 
de 
ser la mancha cada 
cada 
una ¿cuál es el color 
de la gotita 
ahora encuentra y rompe 

el cristal 

                        yo llevo un color 
de búsqueda gotita 
negra que 
refleja.

~
Cristina Elena Pardo (1993). Estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y un Máster en Literatura Hispanoamericana en la misma universidad. Actualmente es estudiante de doctorado en The Graduate Center – The City University of New York. Sus poemas han aparecido en diferentes revistas y medios digitales como Triada Magazine, Oculta Lit, Transtierros, Revista Temporales, Revista Kokoro, Estación Poesía, Cosmoanónimos 2.2 o Canibalismos. En 2014 ganó el Premio de poesía CM-UCM en el marco de la IV Semana Complutense de las Letras con el poemario Doler primero. Fue finalista del II Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas, en Venezuela.

Personaje anónimo, por Andrea Paola Hernández

(Andrea Paola Hernández por Adolfo Lang)

«A mí la poesía / me viene de mi madre»
«Y me queda mi padre / en su hueso de escribano»
Rafael Castillo Zapata.


El arte me viene de mi padre

Que con tanto ahínco insistía en libros, óleos y ajedrez

Creciendo bajo una cámara sin ser famosa

Con mi boa de plumas y mi afirmación de diva

De mi padre me viene Abba, Cindy Lauper y la literatura

                     La figura vacía y la ausencia de un hombre

Tomates verdes fritos y la homosexualidad latente

                     La necesidad de ser más que una foto en la pared

De mantener mis ideales sin importar la lucha

                     De querer ser alguien cándido cariñoso

                     Aprender que a la familia no se le deja por otra

con mano en pecho con mano en boca

luchar por no querer que nos parezcamos

-
En la calle todos los hombres se me parecen a mi padre

supongo que ocurre porque no tiene rostro.


~
Andrea Paola Hernández (1995). Actriz, cineasta, Fundadora del Centro de Estudios de Género USB, lectora recurrente y ganadora del primer lugar del concurso “José Santos Urriola” 2014. Coordinadora Editorial en la sección de Narrativa del blog Digopalabratxt. Ha participado en el taller de narrativa de Monteávila Editores impartido por Wilfredo Machado y en el taller "Poesía silenciosa, pintura que habla" del Instituto ICREA impartido por Eleonora Requena. Poemas de ella se pueden encontrar en la reciente antología Amanecimos sobre la palabra

Dos poemas de Flora Francola

ZCIT - Flora Francola

ZCIT

Todas las camas que tuvimos
son el azul del mar
zona de convergencia intertropical.
Sabrás del vuelo 447
que no sobrevivió a las alturas
y que la franja ecuatorial
es devorada por tormentas
-a veces nos rebasan-
que soy frágil como palmera
se congela mi ramaje
o me devora lo que no puedo decir.
La simultaneidad es mi carga
dormimos en el mar.


+++


Breve historia de la evolución.


“Voy la vida en circular, de pasajero en trance…”
Tlx.

He sentido el deseo
de volcarme en un piscina de lava dulce
envolverme en caricias de vapor
y flotar desnuda por el cielo.
Así, nadando como libélula
que no sabe de palabras
que olvida rostros
y lamer mis dedos fríos
y mirar los ojos lejanos
Suspendida como trofeo
de pesca deportiva
por los tobillos anudados
los cabellos escurriendo
almíbar de la tierra y de las nubes
cantando tras la voz de Morrison
cuando caen meteoros sobre de mí.
Alguien me amó
Y no lo recuerdo.



~
Flora Francola, Paola Franco (1988). Licenciada en Artes por la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, Venezuela. Forma parte de los seminarios de arte transdisciplinarios en la Universidad de Los Andes (Mérida y Táchira, Venezuela), Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, Centro de Arte de Maracaibo “Lía Bermúdez”, Fundación PROA, MACBA, MALBA y C.C. Matienzo (Buenos Aires). Redacta artículos y reseña sobre arte y cultura para los webzines: Acracia pour les porcs, Bajo La Lengua y Casquivana.

Las distancias, por Daniel Arzola

(CC BY 2.0) Dmitry Ilyinov

Me tragué todas las luces,
recorrí todas las distancias
me comí todas las preguntas,
vi partir cada palabra.
¿Y qué tengo?
apenas algo,
casi nada.
Nunca fue suficiente
nunca han dado lo que doy
ninguna palabra desnudó mi silencio
ningún acto vistió mis palabras
y curó mis ganas rotas
y nunca cambia nada
si la condena habita ya las pieles
si nada queda de la noche
de los huesos sueltos
si el destino es romper.
Fluí hacia ti,
fluí, fluí, fluí,
y más allá de las paredes me he perdido,
a donde nada regresa
a donde todo termina yendo
Y cómo puedo esperar amor aún
si a mí no me han dado eso
si lo he corrido a llantos
si me ha arrancado la piel
hinchando como un muerto
mi cuerpo joven
si los deseos inocentes fueron carbón
a la hoguera de amores muertos
qué hago yo anclado a un cariño
¿ Y qué hago yo?
ofreciendo un fósforo
a todo el frío del mundo
¿Qué hago yo?