En un instante de tarde
refugiándome de un cielo nublado
te admiré, esta vez con curiosidad y disimulo
escondida, entre las cortinas del frío espesor
de aire que se coló por la ventana;
esa brisa que mientras continúes
seguirá rozando de la misma forma una y otra vez tu mirada.
Quisiera que la neblina al tocar tu rostro te regalara caricias de nubes, y
así en un parpadeo, poder desbotonar esa sonrisa que esconden tus ojos
Pero contrario a eso, intuyo: como la neblina va
chocando con tu tez pasiva, articulando en ella desesperación;
quizás el aire de alrededor no es tan puro como pensé yo.
Ahora comprendo lo multidimensional que es la contaminación:
Brota en diversos estratos de la atmósfera,
en la tierra, y
en el corazón.
El instante ante ti se hizo eterno,
Esperé como siempre a las palabras,
para querer entregarte algo con mi voz,
ya no me habría de importar si fuesen generosas
o no, íntimas o aisladas,
hambrientas de tener razón
o carentes: palabras que buscan de una Razón;
Pero una vez más permanecí sin oír
el más mínimo susurro de tu voz
Confieso: la culpa de la distancia siempre es compartida;
a mí, más que mil palabras
me vale tu mirada
que me aproxima a tu alma.
Creo en el arte, tan ciegamente
como siempre lo he hecho; y ese arte
que se desprende del muro de tus ojos
revela, como una fotografía:
verdades escondidas y realidades estilizadas,
en este caso, la belleza que estiliza
no es está en el entorno,
no está en mi mente,
yace intrínseca en ti.
En unos segundos pude capturar: verdades desteñidas
pero esperanzadas,
de esas que se filtran del corazón a
la razón
y crean un caos, junto al habitual cuestionamiento:
“¿Por qué y para qué buscarles tanta explicación?”
Una pregunta que sarcásticamente
nos crea más confusión.
Y esta vez me cuestiono:
¿para que se transformase la ruda neblina
en suaves nubes…qué podría decir Yo?
Si ayer sentía amor;
hoy solo te veo buscando inspiración, no conexión.
Si a medida que te alejas de este espacio…
En el tiempo: yo con mi más vaga sonrisa
me resigno a sumergirme frente al lienzo;
sin más que tu
agridulce recuerdo,
algo de imaginación,
y de nuevo en mis manos: el color del adiós,
que quizás se renovará el día en que vuelvas; como
se renueva hoy
Por es otro día más
que con el viento vas.
Eres como un círculo cromático,
así de Libre y predecible.
Desearía descifrar un color tan cálido
Se podría llamar de forma tan cursi
como “Aloha!”
Para apenas vislumbrar como se torna el panorama
en escalas de naranja;
aunque… ese color,
me hace sentir muy lejos de casa;
A pesar de todo amo Venezuela y
sus clásicos modos de llegar,
así que, antes de que nos absorba el silencio
con un simple “¡Háblalo!” empecemos de nuevo
siendo realistas
y sinceros.
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